Escúchala en cápsula: Audiocápsula – majorero
Locución: Sergio, Valeriano | Duración: 2’48” | Música: Chipude, José Antonio Ramos; Dinner at eight, SuperstereO
En el momento de la conquista la palabra majorero se usaba para designar a los habitantes amazighes tanto de la isla de Fuerteventura como de Lanzarote, y ya desde el siglo XVI tenemos referencias de su uso:
No fueron muy difíciles de asentar estas paces, por evitar los naturales los daños que recibían los majoreros, que así se llamaban los naturales de aquellas islas de Lanzarote y Fuerteventura.
A. de Espinosa, Historia de Nuestra Señora de Candelaria, p. 70
La etimología de la anterior acepción será común para todas las demás y existen dos hipótesis sobre su origen. La primera establece que proviene del canarismo majo ‘antiguo habitante de las islas de Lanzarote y Fuerteventura’. Majo tiene otras acepciones y la primera de ellas define a un tipo de calzado hecho de piel y cuya denominación es original de la voz amazigh mahu ‘desollar, quitar la piel’. El segundo camino propuesto nos dice que proviene de la raíz de la palabra Maxorata, antiguo nombre de Fuerteventura y que a su vez deriva del amazigh mahār-at con el significado ‘hijos del país’.
Posteriormente, majorero empezó a usarse como gentilicio de Fuerteventura, junto con fuerteventureño/a, y también para denominar todo aquello perteneciente o relativo a esta isla, como es el caso del queso majorero o el perro majorero, también denominado bardino y que es originario de Fuerteventura.
Tomando una porción con la cuchara la arrojó al majorero que esperaba junto a la mesa.
Enrique Nácher, Guanche, p. 90
También debido a su procedencia se conoce como majorero al pejín o pescado seco en Gran Canaria, adonde tradicionalmente se importaba desde las islas orientales.
Por último, y dentro del extenso vocabulario de colores de cabra, aquella de color canelo o aceitunado es denominada majorera en La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife. La bibliografía apunta, además, que probablemente esta denominación aludiera en un principio al origen de la cabra. Por extensión a lo anterior, también se aplica a aquellos animales del mismo color.
Hay una raza de cabras, diferenciada por un color, el majorero, que llegó a predominar en algunas manadas: es un color amarilloso, cerro negro y la parte del anca negra.
Lorenzo Perera, Los bailones, p. 10


Recordar también la preciosa canción de Taller Canario dedicada a la pitonisa majorera Tibiabín:
¡Ay, Tibiabín!
Fuerteventura he creído en ti,
ay hechicera
que ya están aquí
la gente extranjera,
¡Ay Tibiabín!
Fuerteventura he creído en ti,
ay que se rindieron,
que dieron su reino
los majoreros.
Valeriano, la letra dice: “Fuerteventura HA creído en ti”, pues justo esto fue lo que sucedió. Además, les cuento que hay un movimiento cultural que reivindica la recuperación del gentilicio “majo” para Los habitantes de Lanzarote y Fuerteventura, que serían majos del Norte y majos del sur, respectivamente. Dichas estas dos cositas, una vez más, ¡enhorabuena!
Por cierto, dejo por aquí el enlace a la canción de Taller Canario que Valeriano cita, por si alguien no la conoce o simplemente quiere recordarla:
http://www.youtube.com/watch?v=twKWh9m5chc
Y los majos del sur…
http://majos-del-sur.com/#0
Saludos.
Existe la hipótesis de que “majorero” fuera correspondiente al etnónimo de las poblaciones precoloniales de Lanzarote y Fuerteventura, exceptuando Jandía, que presumiblemente fuera de otro grupo tribal, tradición que se ha conservado incluso en el subsconciente de sus habitantes hasta nuestros días.
El doctor en Filología y licenciado en Historia, Ignacio Reyes García, en su artículo denominado “Toponimia sorpresiva” de 2009, nos cuenta lo siguiente:
“Por el relato vertido en Le Canarien, la crónica normanda de la primera colonización europea del Archipiélago, hoy nos consta que el nombre indígena atribuido a esa Isla era Erbane (o Erbban), lo cual significa algo así como ‘frontera pétrea’, en clara alusión a la pared o muro principal que atravesaba sus dos demarcaciones socioterritoriales. Una idea en la que parece abundar un hecho llamativo: la población del bando nororiental de Fuerteventura y la meridional de Lanzarote compartían el gentilicio mahorata (mahor-at) o, en su forma románica, mahoreros, que identificaba a los ‘hijos del país (natal)’, como si el resto fueran extranjeros o, en este caso, de distinta adscripción tribal. Esas fracciones étnicas coincidentes en ambas islas portarían una común ascendencia tuareg, diferenciada de otro aporte de origen más septentrional, aunque también amazighe.
Y es en torno a esta especie de segregación cantonal que la investigación se ha visto asaltada por una revelación inusitada. Según ha constatado la arqueóloga Mª Antonia Perera Betancort en los trabajos etnográficos que realiza para su tesis doctoral, los pobladores isleños de Jandía no se consideran habitantes de Fuerteventura. La factura geomorfológica de esta península, que le confiere cierta independencia respecto del conjunto insular, tampoco habría pasado inadvertida para los primeros residentes amazighes, pues ese topónimo H́ənnəd́ señala un ‘lugar cerrado, encerrado o resguardado’ (aunque acaso lo fuera sólo por la pared de su nesónimo). Esta circunstancia física, junto al arraigo del régimen señorial impuesto por la conquista europea, parecían explicar ese criterio secesionista de su gente. Pero nada más lejos de la realidad, aunque también en la geografía hallemos la resolución del enigma.
Jandía linda en su frontera septentrional con una vasta comarca que se extiende hasta el centro de la Isla. Su denominación habitual, Pájara, en principio nadie diría que señala algo distinto de una zona frecuentada por cualquier tipo de aves. Pero este inocente topónimo contiene una sorpresa mayúscula, ya que también pertenece al acervo ínsuloamazighe. En algunas hablas del dominio tuareg perdura, sin el ensordecimiento de la consonante inicial, con el mismo aspecto trilítero [B·Gh·R], băghăr, que exhibe el vocablo isleño. Ahora bien, en el dialecto del Marruecos central figura bajo la forma [ع·R] aεr(i), lo que permite observar en el radical [B] el morfema expresivo de intensidad b-. Todo esto sólo lleva la traducción aún más cerca del sentido que ha quedado acuñado en la toponimia insular como ‘fuerte ventura’, es decir, ‘gran fortuna, riqueza o prosperidad’.
Visto así el asunto, a los habitantes de Jandía no les falta un ápice de razón para insistir en su diferenciación. Igual que, a juzgar por casos como el expuesto aquí, ciertos enfoques historiográficos, aquellos más o menos refractarios a incluir en sus análisis del pasado información etnográfica, quizá harían bien en revisar ese postulado.”
Nada más por ahora. Tihulawen (=Saludos)
¡Qué interesante lo que nos cuentas, Tikanaren! No tenía ni idea. Muchas gracias, por compartirlo.
Suscribo las palabras de Josemi: muy interesante el aporte, como todo lo que suele traernos a los comentarios Tikanaren. ¡No pierda las mañas!
Pues sí, interesantísimo lo aportado por Tikanaren, citando a una de las principales cabezas que tienen mucho que decir con respecto a nuestra modalidad lingüística, esa persona que -aunque todavía no se le hace el caso que se debe, por parte de la Filología oficial canaria- habrá que leer en profundidad en un futuro si queremos realmente saber y abrir caminos de sabiduría con respecto a buena parte de nuestros términos.
En su corta pero fecunda colaboración con BienMeSabe -una gran pena, para mí, este fin-, publicaba el artículo aludido en el comentario de Tikanaren. Y para quien lo quiera leer entero puede ir a esta dirección:
http://www.bienmesabe.org/noticia/2009/Enero/toponimia-sorpresiva-fuerteventura
Saludos, y queremos más Cloquido-s
Habría que comentar también que los resultados de los análisis de vocablos como maho (con h aspirada, que no sería la primera vez que escuchamos pronunciar la palabra como “mao” o como sucede también con la de la “x” de “ma-j-orata”) inciden en que este no es un gentilicio, por su vinculación con mago o maxio (ma”j”io), y que por lo tanto cuando hablamos y utilizamos esta palabra como gentilicio debería utilizarse su versión más castellanizante: mahorero. Por lo que esa vindicación buscando utilizar el vocablo menos contaminado por la influencia romance (maho) carecería de base.
Mahorata no sería, hasta donde sabemos, el nombre de toda la isla de Fuerteventura (habría que excluir a la Península de Jandía), sino que además este territorio formaría parte también de la antigua Dolatelac o Tyterogaka (Lanzarote).
Saludos.