La palabra de la semana: baifo

La cabra es uno de los animales domésticos más importantes de la ganadería canaria, tanto históricamente como en la actualidad. Esta significación se traslada también al habla, donde la extensa variedad de especies, colores, edades y marcaciones queda reflejada en una rica nomenclatura usada por los cabreros.

Con la palabra de este miércoles nos introducimos en uno de los anteriores ámbitos: los nombres de edad. En general, estas distinciones en las etapas de desarrollo de los animales son habituales en las diferentes lenguas, siendo normalmente más numerosas cuanto mayor sea la importancia que la especie en cuestión tenga para la comunidad.

La palabra baifo establece una primera aproximación a esta distinción, siendo la más extendida en todo el archipiélago. Desde que nace hasta que deja de mamar, la cría de la cabra es llamada baifo o baifa. A partir de este momento es considerado un individuo adulto, llamándose cabra. Aun siendo la distinción más extendida, hay otras. Un caso especial es la que se da en Fuerteventura, por ser mucho más extensa y nutrida, indicador también de la relevancia de este ganado en la isla. Así, la cría desde que nace hasta que deja de mamar es denominada cabrito. Desde que deja de mamar hasta que le apuntan los cuernos es un baifo o baifa, dependiendo del sexo. A la etapa que va desde que le apuntan los cuernos hasta que está en condiciones de reproducirse le corresponden los nombres tajorase, si es macho, y machorra, si es hembra. A partir de aquí, el animal ya se reproduce y es considerado un individuo adulto de la especie, llamado macho, si es macho, y cabra, si es hembra. Tenemos entonces un microcampo léxico, y lo mismo es descrito en la bibliografía para el camello, la oveja, la morena o la salema, entre otras especies animales.

Todos los autores dan a la voz baifo un origen prehispánico. Dentro de esta procedencia, y según la fuente, unos se dividen hacia el vocablo beyyew ‘ser sin cuernos’, y otros hacia wa-ăyfăd ‘corderos’.

Esta palabra tiene la particularidad de haber salido más allá de su ámbito designativo original para formar parte de expresiones como írsele a alguien el baifo ‘despistarse u olvidarse de lo que se iba a decir o hacer’, ponerse alguien como un baifo ‘enfadarse’, tener alguien ido el baifo ‘tener perdida la razón’, echarle un puño a la baifa ‘hablar con la novia, enamorar’, estar como una baifa ‘estar loco’, estar en alguna cosa la madre de la baifa ‘estar en alguna cosa el quid de la cuestión’, o saltar como un baifo chico ‘saltar mucho por alegría o dolor’.

Finalmente, una selección de la ya citada documentación histórica y literaria, usada para ilustrar y proporcionar pruebas del uso de esta palabra en etapas presentes y pasadas de nuestra modalidad lingüística.

Siglo XVI:

«[...] dótales de 120 reses, cabras, ovejas, borregos y baifos»

Miguel Ángel Gómez, Protocolos de Sancho de Urtarte, p. 304

Siglo XVII:

«Después se llevan 19 cabras de más de un año de Juan de Santiago, 3 de ellas paridas, 2 baifas y 1 baifo»

Gloria Díaz Padilla, Colección documental de La Gomera del fondo Luis Fernández, p. 93

Saltando ahora a las del siglo XX:

«[...] iba vendiendo telas y oropeles de puerta en puerta, el baifito detrás suyo, balando de alegría»

Víctor Ramírez, Diosnoslibre, p. 169

«Una vez se le fue el baifo creyendo que la mujer de Chanito le había salido rana y no pudo defenderse del lambriazo que le dio su marido.»

Juan Bosch Millares, Cuentos, p. 115

«Aquí está, en esta frase resumida, la madre de la baifa»

Pancho Guerra, Memorias de Pepe Monagas, tomo 2, p. 350

«Monagas iba un día sí y otro también a echar un puño a la baifa»

Pancho Guerra, Memorias de Pepe Monagas, tomo 2, p. 379

Baifo, foto por Saulo Alvarado

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Sobre Sergio

Sergio Gómez Brito nació en Gran Canaria y pasó su infancia y juventud entre esta isla y La Palma, de donde es toda su familia. Es un apasionado de la aviación, disciplina a la que dedica la mayor parte de su tiempo, desde el ocio hasta lo académico y profesional. Dentro de Ingeniería Aeronáutica se especializa en aeronaves y, como piloto comercial, continúa haciéndolo en campos directamente relacionados con el vuelo, siendo también miembro del Club de Vuelo Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid. En la actualidad complementa su formación estudiando Psicología para aplicarla al estudio de los factores humanos y la instrucción en aviación. La lectura, la fotografía, los idiomas y viajar son otras de sus aficiones.
 
A través de El Cloquido refuerza su vínculo con Canarias y su identidad, y de esta manera estimula su interés por el estudio de los sonidos, ambientales o lingüísticos, y las conexiones que con ellos mantienen las sociedades y los grupos, campo que también relaciona con la carrera de Psicología. Además de las grabaciones de campo realizadas en las Islas Canarias ha colaborado con varias cartografías sonoras en ciudades como Dublín, Londres o Madrid, donde actualmente reside. En 2012 comienza otro proyecto también conectado con la identidad sonora que registra y divulga el patrimonio sonoro aeronáutico.