La palabra de la semana: magua

Uno de los recursos con los que se forman nuevas acepciones para una misma palabra es la aplicación metafórica. Sucede cuando la palabra que designa un objeto, cualidad o acción pasa también a designar otro objeto, cualidad o acción que guarda cierto parecido con el primero. Ejemplos de esto serían: pata (de una mesa), copa (de un árbol), falda (de una montaña) o ratón (de ordenador). Veamos ahora qué ocurrió con magua.

El significado más extendido de magua es la sensación de desconsuelo o tristeza resultado de añorar algo que no se tiene o que no se ha conseguido. Con sentidos similares se emplea también en Cuba, Uruguay y Venezuela.

«Para ellos amargura era como magua, la constancia de algo que pudo haberse tenido que ya no se tendrá nunca. Magua tampoco es melancolía, ni saudade, ni morriña, es una palabra autónoma, canaria, que apunta directamente a lo que dice, no se puede decir de otra forma; no es nostalgia, ni melancolía, es amargura: rabia de no tener.»

Juan Cruz Ruiz, Ojalá octubre, p. 180

La etimología propuesta nos lleva una vez más al portugués, al vocablo mágoa. Su significado original en esta lengua es ‘mancha o señal en la piel producida por una contusión’. De hecho, mágoa viene a su vez del latín macula ‘mancha’. Después, por la ya nombrada aplicación metafórica, pasa a tener otra acepción más: ‘impresión producida en el alma por un hecho que desagrada’. En Canarias se extendió más la segunda, aunque en La Palma se usa también la primera para referirnos a un cardenal o moratón.

A partir de magua tenemos el refrán “más vale magua que dolor”, para decir que es mejor desconsolarse que arrepentirse, así como los verbos amaguar y maguar, habiendo documentación escrita de su uso desde el siglo XVIII:

«Solía mi amo contar todas las noches su dinero, bien ganado y mal ganado, y como lo observaba y lo miraba, me maguaba»

José de Viera y Clavijo, Vida del noticioso Jorge Sargo, p. 49

El verbo maguar se usa también como ‘estropearse, malograrse’, tanto en Canarias como en Cuba, Puerto Rico y Venezuela.

«Las gentes acudieron solícitas para ver el choque de aquellos dos maestros en el arte de jugar al palo, pero se les maguó el gusto»

Benito Pérez Armas, Tradiciones y anécdotas canarias, p. 56

Esta bonita palabra la proponía Eduardo, desde La Laguna, a través del correo electrónico.

Canarias, ¡qué lejos, qué magua!

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Sobre Sergio

Sergio Gómez Brito nació en Gran Canaria y pasó su infancia y juventud entre esta isla y La Palma, de donde es toda su familia. Es un apasionado de la aviación, disciplina a la que dedica la mayor parte de su tiempo, desde el ocio hasta lo académico y profesional. Complementa su formación en Ingeniería Aeronáutica estudiando Psicología.
 
A través de El Cloquido refuerza su interés por el estudio de los sonidos —ambientales y lingüísticos— y las conexiones que con ellos mantienen las sociedades y los grupos. Además de las grabaciones de campo realizadas en las Islas Canarias ha colaborado con varias cartografías sonoras en ciudades como Dublín, Londres o Madrid, donde actualmente reside. En 2012 comienza otro proyecto también conectado con la identidad sonora que registra y divulga el patrimonio sonoro aeronáutico.