La palabra de la semana: cambar

Escúchala en cápsula: Audiocápsula – cambar

Locución: Valeriano | Duración: 2’22” | Música: ChipudeJosé Antonio Ramos; Dinner at eightSuperstereO

Empezaba esta sección hablando del valor que damos a las cosas cuando las conocemos de raíz, y con la palabra de esta semana voy a ejemplificarlo con una breve anécdota.

Estábamos aún en el colegio cuando la profesora de alemán escogió una de sus clases para aleccionarnos no en dicha lengua sino en nuestro ya conocido español. Trataba ella (que, por cierto, era canaria) de explicarnos torpemente por qué no debíamos decir que las cosas estaban cambadas, ya que, a su entender, el verbo cambar y sus derivados eran incorrectos. Al margen de que sí viene recogida en el DRAE, condición que tampoco es necesaria para poder escribir o decir una palabra (y si no a ver cómo escribo yo cualquier informe de ingeniería, cuando apenas recoge las palabras más usadas), esta profesora no podría estar más equivocada en sus afirmaciones y ya mismo veremos porqué.

Cuando algo se dobla, se tuerce, se comba o se inclina decimos que se ha cambado. Pero hay más. Cambar no hace solo de sinónimo de doblar, torcer, combar o inclinar; es lo que Marcial Morera llama originalidad denotativa y connotativa: el léxico canario —como el de cualquier lugar— aporta puntos de vista y matices diferentes de los que se ven en la norma estándar del idioma. De esta forma, habrá muchas ocasiones en las que no podremos sustituir el verbo cambar por aquellos, ya que las acepciones no son exactamente iguales. Así, serían imposibles construcciones como combar la cabeza o combar la vista. Otras expresiones serían cuando no está tuerto, está cambado, para referirnos al que siempre está enfermo, o se le cambó la peluca, cuando alguien se queda desconcertado con algún resultado o noticia.

Sobre su origen, Morera se encarga de diferenciarlo del de combar, con el cual se suele confundir. Cambar procede del portugués cambar, viniendo a su vez de la raíz céltica cambos, que significa ‘curvo’. Por su parte, combar viene del galés cwm, que significa ‘valle profundo’.

Derivados de este verbo son también, además de sus conjugaciones, los sustantivos camba, cambadura y cambaleta, así como los adjetivos cambado/a y cambo.

Queda claro entonces que esta palabra tiene pleno derecho para ser usada, que su origen y significado la alejan, y mucho, de ser una incorrección o vulgarismo (una respuesta muy parecida vemos en la página de la Academia Canaria de la Lengua). Además, como vimos, viene a traernos más formas con las que describir la realidad con mayor precisión y, en definitiva, a enriquecer nuestro léxico y nuestra forma de expresarnos.

 

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Sobre Sergio

Sergio Gómez Brito nació en Gran Canaria y pasó su infancia y juventud entre esta isla y La Palma, de donde es toda su familia. Es un apasionado de la aviación, disciplina a la que dedica la mayor parte de su tiempo, desde el ocio hasta lo académico y profesional. Dentro de Ingeniería Aeronáutica se especializa en aeronaves y, como piloto comercial, continúa haciéndolo en campos directamente relacionados con el vuelo, siendo también miembro del Club de Vuelo Aeronáuticos de la Universidad Politécnica de Madrid. En la actualidad complementa su formación estudiando Psicología para aplicarla al estudio de los factores humanos y la instrucción en aviación. La lectura, la fotografía, los idiomas y viajar son otras de sus aficiones.
 
A través de El Cloquido refuerza su vínculo con Canarias y su identidad, y de esta manera estimula su interés por el estudio de los sonidos, ambientales o lingüísticos, y las conexiones que con ellos mantienen las sociedades y los grupos, campo que también relaciona con la carrera de Psicología. Además de las grabaciones de campo realizadas en las Islas Canarias ha colaborado con varias cartografías sonoras en ciudades como Dublín, Londres o Madrid, donde actualmente reside. En 2012 comienza otro proyecto también conectado con la identidad sonora que registra y divulga el patrimonio sonoro aeronáutico.